This is the contents of a book that belonged to Pedro Antonio Ortiz Gonzalez and Maria Lucia Muñoz Gonzalez (born March 9, 1896). There are 47 entries that were made between 1919 and 1944. Below each author we list a short biography. Contact for more information.
1. J. Restrepo Rivera (painting 1922) image
RESTREPO RIVERA, J. Raro caso, sin repetición que conozcamos, de dos hermanos que adoptaron el mismo nombre para sus producciones literarias. Se trata de Jesús Restrepo Rivera (Envigado, Antioquia, 1884; Cali, 1946), quien publicó, entre otras obras, una cartilla de contabilidad y breviario de correspondencia comercial; y José Restrepo Rivera (Envigado, 1890; Medellín, 1958), pintor y dibujante, a quien se debe la elaboración caligráfica y las ilustraciones de Iola de Luis López de Mesa (1920).
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
2. Antonio Gómez Restrepo (poem undated)
GÓMEZ RESTREPO, ANTONIO (Bogotá, 1869-1947). Es realmente asombrosa la fecundidad literaria de
este «príncipe de nuestros críticos» o «crítico nacional por excelencia», autor
de la Historia de la literatura colombiana», cimiento de estas
disciplinas en nuestro país. En España fue discípulo de Menéndez y Pelayo.
Gómez Restrepo estudió en el colegio de su padre, el gramático y poeta Ruperto
S. Gómez, por lo cual no es raro que se aficionara tan temprano a las letras y
que a los 15 años escribiera el primer artículo de crítica literaria, sobre las
poesías de Rafael Tamayo. Fue profesor en el Rosario y diplomático en Madrid,
Roma, Lima y México. Ocupó altos cargos, entre ellos senador de la república y
ministro de Instrucción Pública.
Su prestigio como hombre público y erudito escritor fue internacional.
Perteneció a numerosas academias de Europa y América y fue secretario perpetuo
de la Colombiana de la Lengua. El solo título de sus obras ocuparía varias
páginas pero su poesía no fue publicada sino en colecciones que él llamó Ecos
perdidos (París, 1893), con prólogo de Rufino José Cuervo, y Relicario
(Roma, 1928). En sus traducciones se destacan los Cantos de
Giacomo Leopardi (Roma, 1929). La Academia Colombiana publicó un tomo en que
se recogen sus versos y la «fantasía escénica» En la región del ensueño,
con prólogo del padre José J. Ortega Torres, quien dice que los sonetos de Gómez
Restrepo son de lo mejor que en este género tiene la métrica española. En Roma
fue traducido al latín, especialmente su poesía «Tu Marcellus eris».
José Asunción Silva, en carta a Rufino José Cuervo, le dice que tiene
especial empeño en divulgar en París la obra de Gómez Restrepo porque lo
considera «digno de gran fama por la elevación de sus concepciones poéticas y la
delicadeza purísima de sus formas».
Carlos Martín dice de Gómez Restrepo que «si no brilla a la altura de los
grandes poetas del tiempo modernista, ocupará siempre un sitio de honor en las
antologías como maestro de la expresión castiza, directa, nutrida de sabiduría
antigua y de sentimiento romántico. Representa, en el campo de la poesía, la
típica tradición académica de Colombia en que se expresa, con elegante sobriedad,
un idealismo cristiano junto con una preocupación didáctico-moral y una
inspiración hogareña y campesina. Dentro de la sosegada forma tradicional de su
poesía corre, sinembargo, una corriente humana, con tensión hacia lo infinito,
con amorosos ruegos y con nostalgias por lo pasado y por lo fugitivo. Su pasión
por el mundo visible y por el encanto de la naturaleza, nos recuerda, vaga e
insistentemente, a Virgilio y a fray Luis de León. Sus sonetos Marco Aurelio,
Toledo, El Escorial y Los ojos indican algunos de los temas de su
preferente inclinación al clasicismo helénico, al estoicismo cristiano, al
hispanismo que identifica la sobria meseta de Castilla con la grave y
melancólica sabana de su ciudad nativa y al amor entrañable cantando con
nostálgica ternura y ansia de inmortalidad».
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
3. José Umaña Bernal (poem undated)
UMAÑA BERNAL, JOSÉ (Tunja, 1899; Bogotá, 1982). Estudió en el Colegio Mayor del Rosario y se
graduó de abogado en la Universidad Nacional. Gran señor de la cultura y de la
vida pública, verdadera autoridad en relaciones exteriores, ocupó cargos
diplomáticos en Chile, Portugal, Estados Unidos y, como parlamentado, fue un
exquisito orador y ocupó la presidencia del Congreso. Sutil y penetrante crítico,
sostuvo sus columnas Estafeta Literaria y Carnet, en El Tiempo, hasta su muerte.
Sus textos de poesía: Itinerario de fuga (1934); Décimas de luz y yelo
(1942); Dos nocturnos y otros poemas (1942); Cuando yo digo
Francia (1942); Nocturno del Libertador (1942); Poesía (1951);
Diario de Estoril (Buenos Aires, 1951); Seis poemas (Caracas,
1959). Ganó el primer premio en el concurso de teatro colombiano en 1927 con su
comedia El buen amor. Tradujo a Rilke, a quien estudió ampliamente.
Con este destacado oficiante del grupo de Los Nuevos —aunque Juan Lozano lo pone
en la colección de Los Penúltimos— termina, según Rafael Maya, «toda una época.
Umaña Bernal es el poeta cortesano y galante, de flor en el ojal y guantes crema.
Es todo el dandismo finisecular y que halla en nuestro poeta las mejores
condiciones de alojamiento para agonizar suntuosamente». Aunque su obra
posterior, que ya se desarrolla en el siglo siguiente, entra «en el dominio de
lo estrictamente moderno, o modernista, mejor, que es de carácter más barroco
que clásico» especialmente en sus décimas, prodigio de síntesis, «una poesía de
tema mucho más universal, aunque la forma exterior sea de una tan rigurosa
parquedad», concluye el maestro Maya en su prólogo —publicado sólo en separata—
al volumen en que recogió toda la poesía de Umaña Bernal el Instituto de Cultura
Hispánica de Colombia en 1975 con el nombre de su primer libro y con el
subtítulo de «antología inconclusa»...
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
4. Eduardo Colín (poem 1920)
5. Eduardo Castillo (poem undated)
CASTILLO, EDUARDO (Bogotá, 1889-1938). Fue «lo que podemos llamar el letrado tipo de la
generación del Centenario», dice Eduardo Carranza. Secretario durante catorce
años del maestro Guillermo Valencia, su «contra-parte» poética, por así decir,
pero al mismo tiempo su «afecto sumo y suma admiración». Para refutar a quienes
consideraron «escasa» su obra, nada mejor que reproducir la respuesta que el
mismo Castillo le dio a José Eustasio Rivera cuando éste le reprochó no haber
publicado un libro: «Durante 15 años, días tras día, he escrito en todos los
periódicos y revistas del país. He publicado cerca de cien poesías (originales y
traducidas) y más de cuatrocientas producciones en prosa, entre las cuales hay
cuentos, artículos críticos y crónicas ligeras. He tenido varias polémicas
periodísticas y he traducido siete u ocho libros de historia. Si escribir todo
eso no es realizar una obra, mala o buena, ignoro lo que deba entenderse por
semejante frase». Pero hoy es válida la pregunta de J. Eduardo Jaramillo, a la
que la posteridad dará positiva respuesta: «¿Por qué razón una poesía tan honda
como la de El árbol que canta ocupa una posición marginal en el canon de
nuestra literatura?». Autodidacta, llegó a poseer una vasta cultura, fue un
informadísimo crítico y uno de los más grandes traductores de Colombia —sus
versiones eran verdaderas recreaciones— de Samain, Baudelaire, Francis Jammes,
Kipling, D’Annunzio, Wilde, Coppée y Eugenio de Castro. En prosa y en verso,
Castillo es, para Carranza, «un clásico en la acepción histórica (lo que dura
siempre), en el sentido estético (equilibrio entre la razón y la pasión), en el
sentido estilístico (de contención y economía verbal: decir lo más con las menos
palabras) y en el sentido más profundo y humano de clasicismo: humanidad y
belleza». Su libro juvenil, El árbol que canta, «hoy clásico en todas las
dimensiones de la palabra», fue publicado en 1927. Después, Duelo lírico
con Angel María Céspedes (1928). En 1965 el Ministerio de Educación editó,
preparada por Roberto Liévano, Carlos López Narváez y su hermano Hernando
Castillo, su Obra poética de adolescencia. Y finalmente, en su madurez,
cuando «el alma del poeta se orienta hacia el misterio», nos deja Los siete
carrizos. En prosa, «una auténtica, fascinadora obra maestra» fue recogida
en 1973 entre sus evocaciones y recuerdos, por Hernando Castillo y Alfonso
Castillo Gómez: En aquella bella época. En 1965 se recogieron artículos
suyos dispersos en periódicos y revistas en el libro titulado Tinta perdida.
En 1918 publicó Duelo lírico con Ángel María Céspedes.
Volviendo a su poesía, Rafael Maya lo reduce: «Sus versos revelan un propósito
de arte conseguido casi siempre con ejemplar exactitud. Carecen, eso sí, de
vibración personal, de íntimo arranque emotivo, y quedarían mejor definidos como
comentario artístico a lecturas hechas devotamente, o a sensaciones vividas a
través de los libros. No fue responsable de esto. En plena juventud franqueó las
puertas del paraíso artificial; y de los jardines letales no lo sacó más que la
mano de la muerte. Nada supo, pues, de la áspera vida, del suave amor, de la
embriagante victoria. Vivió sumergido en el mundo de los libros y en el estrecho
reducto de su sensibilidad torturada».
Pero Sanín Cano lo exalta: «La gracia da el tono a su concepto de la poesía. Con
suavidad, que no tiene rival entre sus contemporáneos, vertió en estrofas
cinceladas, donde la gracia borra las huellas del cincel, su concepto del mundo...
Su cualidad característica llena toda su obra. La gracia lo inspira en la
descripción de los aspectos lisonjeros de la vida con la misma verdad y
distinción que en las apariencias ingratas o nefastas...».
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
6. G. Fletcher (painting undated) image
Posiblemente Georgina Fletcher. Ve este articulo. Tambien este articulo.
7. Delio Seravile (poem undated)
SERAVILE, DELIO —Ricardo Sarmiento— (Bogotá, 1885-1936). Prototipo del letrado de La Gruta Simbólica, del bohemio periodista, punzante y combativo. Por delito político fue confinado en Mocoa, de donde huyó a través de la selva amazónica hasta Caracas, donde ingresó «por derecho propio» a la redacción de la revista El Cojo Ilustrado (desde joven usó muletas). De regreso a Colombia trabajó en el más combativo periodismo, entre otras publicaciones en La Gaceta Republicana, fundada por Olaya Herrera. Él, a su vez, fundó dos diarios matinales ilustrados: Gaceta Gráfica e Instantáneas. Finalmente, con su incisivo ingenio contribuyó a la fama de Gil Blas y Mundo al Día. Cuando lo sorprendió la muerte, era director de la Imprenta de Cundinamarca. La obra de Seravile —dijo Eduardo Castillo- «es exigua, cuantitativamente, pero ofrece un excelso valor cualitativo, porque el poeta bogotano sabía que el arte no se realiza, no, por adición sino por sustracción». Muy célebres fueron sus versiones de Mallarmé, Heredia, Gourmont, Anatole France, Bilac y Mistral, entre otras. El cabildo de Bogotá editó una compilación de su obra con el título de Al través de los años, pero no circuló (¿Qué raro tiene, tratándose de ediciones oficiales?).
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
8. N. Forero Morales (poem undated)
9. Roberto Liévano (poem undated)
10. Ricardo Rendón (drawing 1920)
Caricaturista antioqueño (Rionegro, junio 11 de 1894 - Bogotá, octubre 28 de'1931). Hijo de Ricardo A. Rendón y Julia Bravo, rcicardo Rendón mostró desde pequeño su afición al dibujo y la pintura. En 1911 se trasladó a Medellín, donde asistió al taller del pintor y escultor Francisco A. Cano, y cursó estudios en la Escuela de Bellas Artes. Por la misma época se inició como colaborador de publicaciones artísticas y literarias, entre las que sobresale Panida (1914), de la cual fue dibujante único y en la que publicó algunos artículos y poemas bajo el seudónimo de Daniel Zegri. Durante su permanencia en Medellín también trabajó como dibujante de la Revista Semana, el suplemento literario de El Espectador, El Correo Liberal y El Colombiano. Como ilustrador, pintor y diseñador publicitario elaboró doscientas caricaturas para El Album de las Cajetillas y ejecutó la serie El Jardín Zoológico. Deseoso de viajar a La Habana (Cuba), en 1918, se trasladó a Bogotá, donde finalmente se estableció. En la capital vivió los últimos trece años de su vida, los más fecundos en la historia de su producción. La Revista Cromos fue la primera publicación en contratarlo, para ella produjo varias caricaturas sobre el tema de la guerra de 1914. También El Tiempo, El Espectador, La República, El Gráfico y muchos otros diarios capitalinos y de provincia contaron con sus colaboraciones. En 1923 se vinculó como profesor a la Escuela de Bellas Artes de Bogotá. En 1930 la Revista Cromos editó un álbum en dos volúmenes con una selección de sus mejores caricaturas, acompañadas de la explicación de los acontecimientos que les dieron origen. Este álbum, el primero de su género en Colombia, se compuso de 200 caricaturas, cuyos originales se quemaron luego. Enigmático, infranqueable, bohemio y un tanto nihilista, una mañana de octubre, cuando contaba 37 años de edad, Rendón puso fin a su vida de un balazo.
Temas, personajes y hechos
Los temas caricaturizados con más insistencia por la mano de Ricardo Rendón, a lo largo de la década 1920-1930, fueron básicamente la negligencia administrativa, los gobiernos de Pedro Nel Ospina y Miguel Abadía Méndez, las pugnas entre Alfredo Vázquez Cobo y Guillermo Valencia, el imperialismo, la violencia social, la crítica al clero, la opresión y el servilismo del pueblo, las actuaciones de ministros como Ignacio Rengifo y Arturo Hernández, alias "Chichimoco", y sus excesos dentro de la llamada "Rosca", el problema electoral, las palabras y gestos de funcionarios públicos, el ascenso y el triunfo del liberalismo, la masonería y la respuesta del gobierno a la subversión. Rendón se convirtió, rápidamente, en el crítico más implacable del gobierno, a lo que contribuyó el desprestigio de éste y su propia e incontenible popularidad. Pronto gozó del respeto y la admiración de sus lectores y del temor de la clase política, contra la cual arremetió obstinadamente, erigiéndose en una de las figuras notables del grupo de jóvenes que anhelaban participar en el poder y las decisiones de la república de principios de siglo. Algunos de los personajes públicos a los que sometió con más profusión al escarnio de su ironía fueron, además de los ya mencionados, Esteban Jaramillo, José Antonio Montalvo, Ismael Enrique Arciniegas, Sotero Peñuela, Jesús María Marulanda, José María González Valencia ("Pepe Jaquecas"), Antonio José Restrepo ("Nito"), Antonio José Uribe ("Tío Huevos"), Carlos Jaramillo Isaza ("El Chato Jaramillo") y otros. Entre los hechos más sobresalientes hacia los cuales apuntó su pluma y dejó constancia de historiador estuvieron, según Carlos Uribe ~ Celis, «la construcción de oleoductos y el problema de los contratos petroleros, en particular el Yates-Montalvo, el incidente del nuncio monseñor Brioschi, el censo de 1928, que arrojaba cifras elevadísimas de población para Cali y de prostitución para Bogotá, los episodios del af faire de "La Rosca", el triunfo de Olaya Herrera, los insultos de Ospina a Vázquez Cobo, ambos conservadores, bajo la administración del primero, la sumisión de Pedro Nel a la arrogancia del clero en relación con el incidente de monseñor Vicentirü y el ministro de Instrucción Pública, Arroyo Díez».
Método, recursos y estilo
El historiador Germán Colmenares, en su estudio sobre el caricaturista Ricardo Rendón. Una fuente para la historia de la opinión pública, dice: «Si en muchos casos una frase del editorial del periódico o de un columnista resulta ser la clave de su asunto, el tratamiento de Rendón nos ofrece el efecto de ese comentario tal como se reflejaba en la mentalidad colectiva, las asociaciones que evocaba de inmediato en un repertorio de imágenes, muchas de ellas acuñadas por el mismo Rendón. Cuando el motivo provenía de algún gesto o de cierta frase de un personaje público, podemos visualizar de manera inmediata la resonancia que ese gesto o que esa frase tenía en el ámbito de los cafés y de los corrillos callejeros (...] En algunos casos el caricaturista seguía día tras día los ecos de una indignación pública que no se aplacaba tan fácilmente. En otros la insistencia era un mero recurso retórico, de la especie que se emplea en toda campaña política. Pero aun en estos casos, que son los más frecuentes, debe verse a Rendón como un espejo de las pasiones políticas que agitaban a la muchedumbre. Se trataba casi siempre de una visión que se ofrecía al público como una interpretación de sus propias reacciones. La anécdota iba punteando así un proceso mucho más general en cuanto era capaz de ilustrar cambios profundos en las percepciones colectivas. Lo que sorprendía en las caricaturas de Rendón a sus contemporáneos tal vez no fuera un valor estético permanente (piénsese que Rendón estaba produciendo al mismo tiempo que Grosz y los expresionistas alemanes!) sino su fidelidad al reproducir estas reacciones colectivas. Era un proceso recíproco, en el que una naciente opinión pública se veía reflejada pero se iba formando también con los apuntes del caricaturista. Los temas de sus caricaturas políticas poseen un tono moral un poco grandilocuente [...], mucho menos feroz de lo que se cree, pero en el que una masa urbana creciente podía reconocer sus propios agravios. Estos temas, que fustigaban el fanatismo, la corrupción y la intolerancia, traducían el divorcio político profundo que traían consigo los atisbos de modernidad de los años veinte. La cualidad de intérprete de testimonios que de otra manera nos serían inaccesibles no debe sin embargo anular la apreciación sobre la obra de Rendón como creadora de opinión pública. Todavía hoy se repiten juicios inapelables sobre personas e incidentes, juicios que tuvieron su origen en algún apunte de Ricardo Rendón. Sus contemporáneos lo justipreciaban tal vez excesivamente (no son raras las comparaciones con Gavarny o con Daumier) pero en ese juicio iba englobada la admiración por su efectividad política como creador de opinión pública. Todos conocían su poder de síntesis y la cualidad de reducir a unos pocos trazos los rasgos más íntimos del carácter de un personaje. Esa secreta y misteriosa cualidad que se atribuía al maestro reposa en recursos más bien simples pero ingeniosos. El más obvio consiste en la iteración de algún rasgo o inclusive de un incidente que podía asociarse al carácter de un personaje. En el caso del presidente Ospina, por ejemplo, al que se acusaba de autoritario y arrogante y que se suponía ser un hombre de impulsos súbitos y de un gran dinamismo, la asociación consiste en dibujarlo muy frecuentemente a caballo. Una caída del caballo real iba a completar esa imagen que, frente a cualquier conflicto del gobierno, aparecía invariable y violentamente desmontada. Abadía Méndez, político sigiloso y marrullero, tenía aflción por la caza. Las caricaturas de Rendón lo persiguen muchas veces al acecho de una presa, sea la presidencial o un tratado internacional. En cuanto al general Vázquez Cobo, el recurso consiste en hacer hincapié en sus sucesivos intentos frustrados por obtener la candidatura de su partido y la presidencia. Por eso aparece repetidas veces ofreciendo su propia cabeza en una bandeja (Rendón abusaba aquí de los rasgos físicos del general) a su contendor».
Según Carlos Uribe Celis, «el efecto de la caricatura rendoniana radica en que apela a una porción amplia de la facultad intelectiva y emocional del hombre, pulsando una vasta gama de semtimientos y emociones sin agotarse en simplismos o esquematismos o lugares comunes del oficio. Naturalmente, la caricatura de Rendón está hecha para la Colombia de los años 20, y ciertos recursos que son profundamente eficaces para aquel tiempo no lo serían hoy, verbigracia: el frecuente uso de la versificación en las leyendas de la caricatura. En un país y en una época en que la poesía tenía tanto prestigio, estos efectos de versificación encontraban una resonancia y un atractivo indudables [...] Pero Rendón es multifacético como todo gran artista; así, en algunas de sus caricaturas se muestra cáustico [...], y en otras se muestra implacable y casi feroz en su ataque [...] Es ilustrado y ágil cuando combina la poesía con el folklore y con las máximas de los sabios para ilustrar hechos cotidianos. Es didáctico y proselitista al querer inculcar en el pueblo una idea, al dejar una consigna, transmitir un mensaje. Es intelectual y hasta sofisticado en varias ocasiones [...] Su poder de síntesis, mediante el uso de símbolos es admirable [...] Es un maestro del dibujo, complejo y abundante en varias de sus caricaturas, en tanto que es simple en otras. Su dibujo es realista, correcto y académico en buena medida. No distorsiona arbitrariamente las figuras [... ] Sólo exagera ciertos rasgos, pero, como si dijéramos, "respetando siempre las reglas" del dibujo realista. Es difícil precisar hasta qué punto el estilo caricaturesco de Rendón es original. Hay quienes han señalado influjos españoles y° franceses [...] De todos modos, su estilo parece ser el predominante en los años 20 en Norteamérica. Un estilo "severo, económico, en el que los caracteres lucen como la gente real". No es sólo la composición gráfica de la caricatura sino su brillante manejo del idioma, su habilidad para el juego de palabras y el calambur, al que los bogotanos son tan dados, lo que se distingue en Rendón».
La leyenda
El suicidio de Rendón tuvo lugar en el café La Gran Vía, sitio obligado para la tertulia bogotana de entonces. Semejante desenlace en una figura de su talla y en un lugar provinciano y fácilmente escandalizable como la Bogotá de 1931, no podía menos que producir una leyenda, despertar un mito. Por años la figura de Rendón se recordó más por su manera de morir que por el decurso de su vida. Sin embargo, la calidad de su obra y la trascendencia de su labor tanto en el campo iconográfico y artístico, como historiográfico, terminaron por imponerse al escándalo pasajero, e incluso la pregunta por las razones que pudieron haberlo conducido a tal decisión parece no sólo incontestable sino cada vez más inútil. Como anota Armando Solano, contemporáneo del artista: «¿Llegó Rendón al suicidio por súbita desesperación, en un momento en que perdió el control de sus actos, o como culminación de un lento y fatal proceso de inadaptación? Esas preguntas, siempre audaces y simples, pretenden violentar el misterio y reciben el castigo adecuado. No tienen respuesta». Contemporáneos o no, todos cuantos han escrito sobre Rendón no han podido sustraerse a la tentación de hacer uso irrestricto de adjetivos y alabanzas. El tono grandilocuente y ampuloso parece perseguir sin tregua la figura del caricaturista colombiano. Lo cierto es que entre más se le quiere aprehender, más se escabulle, arrastrando tras de sí figuras igualmente notables del arte de la caricatura que deben padecer un eclipse inmerecido. Paradójicamente los datos menores, cotidianos y personales que enmarcaron su vida son increíblemente escasos. Según Elkin Obregón, «como hombre, fue secreto y silencioso, y pasó por incontables noches de cafetín en medio del aprecio y el desconocimiento de los hombres. Los testimonios póstumos de gentes que le fueron próximas, o creyeron serlo (Edmundo Rico, César Uribe Piedrahita, José Mar, Jaime Barrera Parra), demuestran con patética elocuencia cuán lejana y hermética fue su vida, y cuán inexplicable (a pesar de muchas conjeturas y teorías), fue y seguirá siendo su muerte. En un artículo publicado en 1976, dice de él Alberto Lleras: "...Yo tuve una amistad estrecha con Rendón y tal vez de los miembros de mi generación pocos estuvieron tan cerca de ese espíritu enigmático y callado que, por razón de nuestro oficio, tenía que estar en contacto conmigo, cuando emergía de su misterio. Jamás pretendí y estoy seguro de no haberlo intentado, aproximarme a su secreto a su personalidad: íntima, a su vida, como lo hubiera hecho y lo hice con todos mis compañeros. Le respeté su reserva infranqueable, y jamás le pregunté a él, o a alguien, a dónde iba este ser que se desvanecía en la oscuridad hacia un sitio desconocido, del cual emergía con su trabajo completo, sin rastros de haberlo rehecho o corregido, uno o dos días después. No supe con quién ni cómo vivió, y hoy, pasado tanto tiempo, me maravillo de no haberlo sabido. Sé quiénes fueron sus amigos, pero ninguno debió saber de Rendón más de lo que yo supe. Y el disparo que sonó en la mañana brumosa de La Gran Vía me produjo tanto dolor como sorpresa infinita"».
MARTHA SEGURA
Bibliografía
ACOSTA, PEDRO. "Rendón". Revista La Tadeo, N-° 10 (diciembre 1984). COLMENARES, GERMAN. Ricardo Rendón. Una fuente para la historia de la opinión pública. Bogotá, Fondo Cultural Cafetero, 1984. OBREGON, ELKIN. "Ricardo Rendón. Retratista y caricaturista impecable". Credencial Historia, N°- 10 (octubre 1990). RUBIANO CABALLERO, GERMAN. "La figuración política". En: Historia del arte colombiano, Bogotá, Salvat, 1977, tomo 7, pp. 1563-1584. SOLANO, ARMANDO. Glosas y ensayos. Bogotá, Colcultura, 1980. URIBE, CELIS, CARLOS. Los años veinte en Colombia. Ideología y cultura. Bogotá, Ediciones Aurora, 1985.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.
11. Manuel Briceño (poem undated)
BRICEÑO, MANUEL
(Cúcuta, 1887; Girardot, 1928). Militar, ensayista, narrador costumbrista.
Escribió un libro sobre la historia de Tunja. Era notario del puerto
cundinamarqués cuando murió.
Libros: Versos (1909), Hilando la vida y la novela Nube errante.
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
12. J. Restrepo Rivera (poem and painting 1922) image
See #1 above.
13. Nuiesuey ?? Puiesue ?? (painting undated)
14. Joaquín Güell (poem undated)
15. J. Villarreal Santos (painting 1925)
16. Abel Marín (poem 1920)
MARÍN, ABEL (Villamaría, Caldas, 1888; Buenaventura, 1950). Abogado de la Universidad Republicana, fijó su residencia, hasta su muerte, en el puerto vallecaucano, donde se desempeñé como notado. Poeta sencillo, sentimental, de carácter retraído, su obra quedé dispersa en diversas publicaciones y en tal cual antología.
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
17. Manuel José Mosquera Cordero (poem 1947)
18. Miguel Rasch Isla (poem 1919)
RASCH ISLA, MIGUEL (Barranquilla, 1887; Bogotá, 1953). Estudió en su ciudad natal y en
Trinidad. Empleado bancario en su juventud. Se destacó como brillante
intelectual y diplomático, atildado caballero y grato conversador Gómez Restrepo
lo compara, como insigne sonetista, con José Eustasio Rivera: «Si éste sobresale
en la descripción potente de la naturaleza física, aquél prefiere la expresión
delicada y profunda de su mundo interior, en donde las ternuras afectivas se
mezclan con dolorosas inquietudes de pensamiento».
Libros:A flor de alma (1911); La visión (1925); Cuando las
hojas caen (1923); Para leer en la tarde; Sonetos (1940) y La
manzana del Edén (1926), los más bellos sonetos amorosos, uno de los cuales
ganó la consagración, en reciente encuentro de poesía, como el mejor poema
erótico colombiano de todos los tiempos... pasados.
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
19. Samuel López (poem undated)
20. Carlos Villafañe (poem 1920)
VILLAFAÑE, CARLOS (Roldanillo, 1882; Cali, 1959). Como cronista periodístico se hizo famoso
con el seudónimo de Tic-Tac y con Clímaco Soto Borda dirigió el periódico
La Barra, en Bogotá. Llegó a dominar el calembour bogotano —como buen
socio de La Gruta Simbólica y brillante exponente de la generación del
Centenario. Sentimental y romántico, fino y armonioso, «humorista
sentimental» lo llamó Gómez Restrepo, «Uno de los poetas estelares de este valle,
este cielo y este río», opina Octavio Gamboa en su Poesía del Valle del Cauca
(1986) y agrega: «Hombre sencillo y humilde, que atravesó la
vida sin hacerse notar, confiado en la perduración de sus versos». Y Lino Gil
Jaramillo afirma que «alma y paisaje se confunden en la poesía de
Villafañe más que en ningún otro poeta vallecaucano».
Libros: Tierra del alma; Ingenuidades tristes; De sol a sol—poesías—
(1943); Memorias de un desmemoriado (1959). Sus ingeniosas notas se
recogieron en el tomo Pathé journal.
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
21. Rafael Maya (poem undated)
MAYA, RAFAEL (Popayán,
1897; Bogotá, 1980). Aunque «como prosista vale más que como poeta» (según dijo
Sanín Cano, quien indudablemente sabía más de prosa que de poesía) y realmente
Maya se destacara como uno de los más eminentes críticos, orador y, sobre todo,
maestro de generaciones, su poesía, enmarcada cronológica y formalmente en la
generación o grupo de Los Nuevos, es romántica, clásica y modernista «por el
esfuerzo hacia la perfección, nobleza y claridad del idioma, y reflexiva
concordancia entre el mundo de las sensaciones y el de las imágenes», según dice
Fernando Charry Lara. La vida del ilustre payanés —que recibió «como un premio»
el ser miembro del Congreso Nacional— fue, como lo dijo Carlos García Prada,
consagrada «a la defensa de los grandes valores éticos y artísticos, y a la
exaltación de las tierras y de los héroes nacionales... y siempre fiel a los
dogmas y principios».
Maya inició estudios clásicos en el Seminario de Popayán. Siguió derecho en la
Universidad del Cauca, quiso culminarlos en Bogotá pero la Universidad Nacional
le frustró la carrera al desconocer sus calificaciones académicas regionales.
Entonces abrazó como profesión el estudio y la enseñanza de las humanidades, que
ejerció hasta sus postreros días, en la cátedra de los Andes. Fue director de
publicaciones del Ministerio de Educación, de la crónica literaria de El País de
Bogotá, de la revista Popayán, decano de Bellas Artes, director de la Radio
Nacional, delegado de Colombia en la Unesco. Fundador de la Revista Bolívar y,
desde luego, numerario de la Academia Colombiana.
Libros: La vida en/asombra (1925); Coros del medio día (1930);
Después del silencio (1935); Tiempo de luz (1945); Navegación
nocturna (1955); Lo tierra poseída (1965); El retablo del
sacrificio y de la gloria (1966); Obra poética (1972); El tiempo
recobrado (1975); Poesía (1979). Obra en prosa: El rincón de las imágenes
(1927); Alabanzas del hombre y de la tierra (1941);
Consideraciones críticas sobre la literatura colombiana (1944); Los tres
mundos de don Quijote y otros ensayos (1952); Lo musa romántica en
Colombia (1954); Estampas de ayer y retratos de hoy (1958); Los
orígenes del Modernismo en Colombia (1961); Escritos literarios
(1968); Letras y letrados (1975).
E. Anderson Imbert en la Historia de la literatura hispanoamericana dice:
«Mesurado, inteligente, extendió los dominios de su poesía pero sin cambiar de
índole. Sus sensaciones e imágenes se hicieron vertiginosas; sus ritmos se
desbandaron y hubo más libertad y espacio en sus versos. Pero todo esto sin
exhibicionismos. La misma contemplación de la naturaleza, armoniosa, enternecida,
sencilla, se ahondó con los años sin que tuviera necesidades de romper
estruendosamente con las maneras de la literatura de anteguerra. Es de
temperamento clásico, que reflexiona sobre sus emociones y las obliga a un
equilibrio entre lo nuevo y lo tradicional...».
A.Torres-Rioseco opinó: «Es un poeta delicadísimo y un excelente ejemplo de
colombianismo poético, por esa cualidad de que ya he hablado de unir a un fondo
de puro sentimiento una forma elegante y cultivada».
Jaime Duarte French, en el prólogo a la obra completa de Rafael Maya, que él
publicó cuando era director de la Biblioteca Luis Angel Arango, dice: «El
universo poético que Maya creó es un trasunto prodigioso del que toda criatura
humana lleva en su espíritu, y que se nutre de las grandes y pequeñas cosas de
cada hora, de esas que, según el decir de Ganivet, constituyen la trama del
diario vivir Maya es en esto excepcional. Ningún poeta colombiano se le parece
en el tratamiento que él les da a las cosas elementales que afectan el
sentimiento, con la única excepción tal vez de José Asunción Silva, si bien Maya
supera al bogotano en la amplitud, variedad y pureza de los acordes y registros
que arranca su lira».
Y Cristina Maya: «Por la intensidad de su vitalismo cristalizado en cierto
panteísmo naturalista, su adhesión a la tierra y al paisaje colombianos, su
humanismo trascendental unido a la búsqueda de lo cotidiano y primigenio en los
seres, y al tono sereno y claro de su lenguaje, la poesía de Rafael Maya rompe
en gran parte con los esquemas del modernismo anterior y preludia una visión
nueva de la poesía colombiana».
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
22. Antonio R. Espinosa (poem 1922)
23. A. Ortiz Vargas (poem 1924) (Alfredo)
24. Leo le Gris (poem undated) León de Greiff
DE GREIFF, LEÓN
(Medellín, 1895; Bogotá, 1976). El más prolífico, culto, complejo, independiente,
«subversivo», provocador, polémico y a la vez indiferente, raizal tanto como «extranjero»
y extraño y extrañado entre los poetas nacidos a fines del siglo XIX pero
plenamente vigente en el XX y el más estudiado y divulgado al cumplirse el
centenario de su nacimiento, con proyecciones hacia el XXI... En su tierra fue
el director-fundador de la primera revista de vanguardia de Colombia, Panida,
con el inquieto y bohemio grupo del cual fue literariamente el nombre mayor,
como lo fue del grupo Los Nuevos, ya en Bogotá, donde era una figura tan rara
—en el sentido dariano— como familiar. Ocupó nacionalmente cargos burocráticos
propios de su profesión de estadístico, principalmente en Ferrocarriles y
Caminos... De sus numerosos «oficios y mesteres» confesó el preferido: «Soy un
acontista». La Academia lo llamó, pero murió sin posesionarse.
Su vasta obra poética reboza en los volúmenes por él titulados
Tergiversaciones (1925); Libro de signos (1930); Variaciones alrededor de
nada (1936); Fárrago (1954); Nova et vétera (1973), etcétera...
Fuera de sus Prosas de Gaspar (1937), la compilación de sus
colaboraciones en El Espectador y en la HJCK, se cuentan también muchas Obras
completas, todas incompletas porque siguen y seguirán apareciendo «nuevos» y
viejos manuscritos originales. Cuatro de ellas son: La de Alberto Aguirre para
Bedout en Medellín (1960), la de Tercer Mundo (1975), la de Procultura y
Presidencia de la República (de Belisario Betancur) en 1985; la de la
Universidad de Antioquia, preparada (como la anterior) por su hijo Hjalmar con
el título de Obra dispersa (1995) y, en fin sin fines, otras como la
selección en ruso publicada en Moscú en 1986 —traducciones del poeta soviético
Serguei Goncharenko—. También se han publicado aparte muchos de sus poemas o
grupos de poemas que él incluía en sus libros con el nombre de Mamotretos.
Después de los años de quieta bohemia bogotana, cuando «con humor e indolencia»
fue el pontífice sin trono del Café Automático, hizo sus soñados y tardíos
viajes, entre ellos para asistir al Congreso de la Paz en Estocolmo en 1958, de
donde pasó a la U.R.S.S., a la China y a otros países soviéticos o prosoviéticos.
Más tarde fue enviado por el gobierno a la embajada de Colombia en Suecia,
adonde, según sus propias palabras, iba en busca de sus ancestros.
Jorge Zalamea escribió en el prólogo de las primeras obras completas del
maestro: «Si León de Geiff ocupa hoy uno de los más altos tronos de la poesía
castellana, si su obra tiene una significación universal traducible a cualquier
idioma, no es por la simple razón de ser un erudito de las formas poéticas y un
impar dominador del lenguaje en que ellas se expresan. Su cualidad excelsa es la
de creador de un universo perfectamente identificable en sus paisajes, en su
fauna y su astronomía, en sus poblaciones, en sus héroes y en sus beldades; un
universo al que podemos penetrar no simbólica sino físicamente, porque ya en sus
mismos umbrales perciben nuestros sentidos la materialidad de una música, de
unos aromas, de unos colores que reconocemos peculiares en él, y nuestra
inteligencia entra en contacto real con una muchedumbre que comenzó a ser
censada en las páginas de Tergiversaciones y que tiene ya personajes de
tanta vitalidad que han saltado de su propio mundo para incorporarse al nuestro...
(He aquí el censo incompleto: Leo Le Gris, Mateo Aldecoa, Gaspar van der Nacht,
Erik Fjordson, Sergio Stepansky, Claudio Monteflavo, Ramón Antigua, Gunnar
Fromhold, Proclo, Diego de Estúñiga, Harald el Oscuro, Lope de Aguinaga,
Guillaume de Lorges, Miguel Zuláibar, Beremundo el Lelo, el Skalde y otros...»
Hernando Téllez, a su vez: «Dentro de un siglo o dentro de diez, la poesía de
León de Greiff seguirá pareciendo, seguirá siendo, una creación singular y
aparte. Una producción cuyos nexos con las constantes de la moda y de las
escuelas poéticas de su tiempo ofrecerán una resistencia a la identificación con
ellas mismas».
Y Femando Charry Lara: «De Greiff es, ante todo, el creador de un lenguaje
poético. Su obra, un permanente ejercicio de habilidad verbal... Su grandeza
radica en una maravillosa capacidad de construcción idiomática y en la forma
como en ella conviven la expresión culta junto al habla corriente, el arcaísmo,
el neologismo, las voces extranjeras y las de su propia invención... No hizo
parte de escuela, ni la formó, ni cuenta, tampoco, con discípulos posibles. Su
acento está a salvo de cualquier imitación. Es suyo, inalcanzable».
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
25. C. H. Pérez Amaya (poem undated)
26. R. Gomez Campuzano (drawing 1920) (Ricardo)
27. Federico Borrero ?? (poem undated)
28. Rafael Bernal Jiménez (poem undated)
BERNAL JIMÉNEZ,
RAFAEL (Paipa, 1898; Bogotá, 1974). Estudios secundarios en San Bartolomé y el
Rosario. Abogado de la Universidad Nacional, especializado en derecho penal en
la Universidad de Roma. Profesional de la docencia, representó al país en
conferencias internacionales, desempeñó diversos cargos públicos y diplomáticos
y fue senador de la república. Miembro de la Academia de la Lengua.
Como poeta es autor del libro La senda abandonada (Madrid, 1951). Dice
Darío Achury Valenzuela: «Por el tono íntimo de su poesía se le puede adscribir
en la escuela romántica. Su estro se ejercita con pericia en los temas de tono
menor, suaves, cadenciosos y de discreta penumbra... Sin embargo, algunos de sus
poemas tienen el sello de un diestro parnasianismo...».
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
29. Uscátegui (drawing 1919) (Luis Felipe)
Pintor del género de retrato, ilustrador y caricaturista, nacido en Bogotá, el 30 de septiembre de 1887, muerto hacia 1950. Luis Felipe Uscátegui estudió con el sacerdote jesuita Santiago Páramo en el Colegio de San Bartolomé. En 1909 se trasladó a Costa Rica, donde trabajó como docente en la Escuela de Dibujo de Cartago en San José. En 1910 viajó a Europa, como cónsul de Colombia en Génova. En esta ciudad estudió en la Academia de Bellas Artes con el maestro Alberto Gallina. En Nueva York aprendió la técnica de la miniatura sobre marfil. Colaboró como caricaturista con las publicaciones El Gráfico, Cromos y Máscaras (19151930). El Museo Nacional de Colombia, el Museo de Antioquia en Medellín y la Academia de Historia en Bogotá conservan algunas de sus obras pictóricas.
MARTHA SEGURA
Bibliografía
Ortega Ricaurte, Carmen. Diccionario de artistas en Colombia. 2á ed. Bogotá, Plaza y Janés, 1979.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.
30. L. Florez Álvarez (poem 1919?)
31. J. Cristancho (poem and drawing 1944)
32. Julio Vives Guerra (poem undated)
VIVES GUERRA, JULIO —José Velásquez García— (Santa Fe de Antioquia, 1873; Bogotá, 1950).
Los cronistas de mediados del siglo lo recuerdan como la rediviva estampa de
un hidalgo español, con su capa y chambergo y su perilla puntiaguda...
Digno empaque para un castizo, ingenioso y noble escritor, que aunque de estilo
festivo y agudo, nunca hirió a nadie con su pluma. Amó el periodismo
desde niño y cuando llegó a la sana Medellín de entonces, se dedicó al
periodismo mientras vivía de su sueldo de empleado público —como siempre lo fue,
en cargos administrativos y de contabilidad y finalmente en Bogotá como jefe de
Correos Nacionales—. En Medellín fundó, dirigió y redactó, con otros jóvenes
aventureros, El Dúo (1895), La Bohemia Alegre (1896), El Cirirí y El Aviso
(1898), Pierrot (1906), El Medellín y El Bateo.., y en Bogotá
escribió en El Tiempo y una columna de correcciones de lenguaje en El
Espectador con el seudónimo de Luis de Obando. Fue jefe de redacción de Cromos y
El Gráfico y colaboró en las revistas de humor de la época, como Semana Cómica,
Fantoches y Bogotá Cómica. Era, pues, uno de los más leídos cronistas, por la
amenidad de sus notas, abundantes en anécdotas históricas, leyendas regionales,
y desde luego románticas y domésticas poesías. La Academia lo invitó a su
seno pero él, según Fray-Lejón, «declinó el preciado honor, en su desenfadado
amor por la libertad, a fin de gozar de la independencia de poderse expresar mal
cuando quisiera».
Su obra, elogiada entre otros por Luis Eduardo Nieto Caballero, aparece en los
siguientes libros: Prosas y versos (1899); Volanderas y tal(1910);
Aires antioqueños; Correcciones de lenguaje (1938); Gestas de la mi
cibdad (1963). La Colección Autores Antioqueños publicó en 1994 una
selección de sus Crónicas.
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
33. José Eustasio Rivera (poem undated)
RIVERA, JOSÉ
EUSTASIO (Neiva, 1889; Nueva York, 1928). Autor de La vorágine, la
segunda novela más famosa de la literatura colombiana (cronológicamente, pues
está entre María y Cien años de soledad), su obra poética —56
sonetos integrantes de un solo libro publicado con el título de Tierra de
promisión (1921)— después de su «novedad, (que) al cabo de pocos años ya no
se señaló más», ha sido reivindicada en sus valores esenciales por críticos tan
importantes como Fernando Charry Lara. A su vez, Luis Carlos Herrera dice que es
inobjetable considerar la juvenil obra de Rivera como clásica: Tierra de
promisión es lo clásico en él, como La vorágine elevó el momento
barroco americano a su obra inmortal. E informa que Los potros, de
impecable factura técnica, fue seleccionado por un jurado internacional como el
mejor soneto colombiano, y concluye: «Rivera se destaca, pues, como el artífice
inigualable del soneto».
Y Fernando Charry concluye este aspecto crítico: «(Rivera) en el soneto emuló
con aquellos que, como Víctor M. Londoño, traducían en Colombia a los
parnasianos franceses. Su propia técnica se ha juzgado también parnasiana.
Aunque el temple romántico no deja de revelarse en las iluminaciones con que se
proyecta, trasluciéndose en medio de la objetividad aparente de su lirismo. Esto
no ha impedido que siga inscribiéndosele, en rutinarios catálogos, entre los
parnasianos de nuestra lengua. Con lo que no se le hace gran beneficio. El
parnasianismo de Rivera, si en algún grado existe, se limitaría a la
preocupación que evidentemente mantuvo por dar a las estrofas, a cada uno de los
versos, la mayor apostura. El resultado a que así llegó no lo condujo
glacialmente a la consabida impasibilidad parnasiana. Porque una suerte de
pasión refrenada no cesa de insinuarse entre las líneas del poema. Se diría, no
obstante, que el aire descriptivo de sus sonetos es característico de esa
escuela... A nuestro parecer, no existió en ellos el propósito de mostrarse como
ideal de frío esteticismo... El novelista futuro que habría de exponer luego su
querella contra la injusticia social quiso románticamente, un poco antes, dar en
verso una visión sentimental de la naturaleza y del paisaje de nuestra tierra...».
Ya sobre aspectos de la existencia de Rivera, Charry alude a la circunstancia de
haberse mantenido un tanto lejos de la lectura o de la vida intelectual, pues
«mucho tiempo pensó el poeta, dicen, que su vocación era la política. Alcanzó
medianas posiciones. Desilusionado y altivo, viéndose en ella sin futuro, acaso
algunas veces pudo imaginar que le llevada a seguir la carrera literaria, lo que
era más auténtico en su temperamento. En el que los azares de la vida probaron
que la pasión ética se aliaba a la pasión estética. Como lo ha recordado
devotamente Eduardo Neale-Silva en su laboriosa y compleja biografía de Rivera:
Horizonte humano (1960). De ahí el sinnúmero de proyectados tomos,
especialmente de narrativa para ampliar sus denuncias, que la muerte no le dejó
realizar. Esto hace que su creación literaria, no obstante las objeciones
lanzadas contra Tierra de promisión y La vorágine, se nos aparezca
no sólo importante sino milagrosa».
A propósito de la muerte de Rivera en Nueva York, cuando preparaba su novela
La mancha negra, esta vez una denuncia sobre la explotación petrolera en
Colombia tan impactante como la que había hecho sobre el caucho, escribió una
novela sobre la hipótesis del asesinato del poeta el escritor Boris Salazar con
el título de La otra selva (1991).
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
34. León Cano Sanin (painting 1922)
35. Unreadable (poem 1919?)
36. Gustavo del Castillo (poem undated)
37. Quijano (painting undated)
38. Jorge Mateus (poem undated)
MATEUS, JORGE (Chiquinquirá,
1880: Bogotá, 1935). Escribió también ensayo y novela, biografía y
crítica.
Libros de poesía: Por la vida abajo, Padre trópico, Flauta, Tono menor.
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
39. Rafael Bernal Jiménez (drawing undated)
See #28 above.
40. Alejandro Mesa Nicholls (poem undated)
41. A. Borda Férgusson (poem undated)
42. Víctor M. Londoño (poem undated)
LONDOÑO, VÍCTOR
M. (Vianí, Cundinamarca, 1876; Bogotá, 1936). Por su propio esfuerzo alcanzó un
posición eminente en las letras y en la diplomacia. «Fue un maestro en la más
alta significación del vocablo», dice el Panorama de la Literatura Colombiana
de Nicolás Bayona Posada. Director de El Nuevo Tiempo Literario. Miembro de
La Gruta Simbólica. Fundó en 1906 la revista Trofeos, con Cornelio Hispano,
quien recopilé y publicó toda su obra literaria en 1937.
Hizo afortunadas traducciones de Verlaine, Heredia y Prudhome, entre otros.
Gómez Restrepo se refirió a la escasez de su obra así: «No cabe la producción
caudalosa con tan indeficiente anhelo de perfección».
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
43. J. Alsutienfeueich ?? (writing 1931)
44. Dimitri Ivanovitch (poem undated) (José Luis Betancourt Román)
IVANOVITCH, DIMITRI —José Luis
Betancourt Román— (Cartagena, 1886; Bogotá, 1974). Militar y militante comunista.
Roberto Arrázola dice que «durante muchos años residió en Nueva York, en donde
publicó sus poesías de una extraordinaria inspiración».
Libros: La ventana y otros poemas (192 l);La sonrisa unánime (1926);
Tristezas en el mar (1928), entre otros.
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
45. Luis Enrique Osorio (poem undated)
Dramaturgo, poeta, actor y empresario teatral, nacido en Bogotá en 1896, muerto en la misma ciudad en 1966. Luis Enrique Osorio hizo sus estudios en el Colegio de Nuestra Señora del Rosario y después en las facultades de ingeniería y leyes de la Universidad Nacional, pero no terminó ninguna de las dos carreras. Aficionado a la música, especialmente hábil para la composición e interpretación del piano, esto le sirvió para la creación de comedias musicales. De personalidad rebelde y fogosa, trotamundos por América y Europa, su vida podría confundirse con una novela de aventuras. En política fue de ideas liberales, en el sentido amplio de la palabra, aunque de manera ligera fue calificado en algunos momentos de su vida como comunista. Fundó las revistas La novela semanal, El Cuento semanal y Teatro. Estuvo vinculado a la pedagogía durante 12 años y luego se dedicó al periodismo como corresponsal y columnista. Prolífico escritor, algunas de sus poesías se encuentran en el libro titulado Romances (1933) y en cuanto a la narrativa, es autor de las novelas Primer amor (1915), Lo que brilla (1917) y ¿Quién mató a Dios? (1965). Durante su permanencia en Argentina escribió una veintena de novelas cortas, entre las cuales se encuentra El cementerio de los vivos, Sueños fugaces, Malos ojos, Los que jugaban al amor y La mágica ciudad del cine. En 1932 publicó una colección de cuentos cortos escritos entre 1920 y 1932, bajo el título Cuentos de mujeres. Sin embargo, el género que más le gustó y en el que se destacó fue el dramático. Su obra dramaturgia comprende: Flor tardía (1918), estrenada en el Teatro Municipal de Bogotá en 1917 por la compañía española de Agustín Sen y Angela Torrijos; La ciudad alegre y coreográfica, zarzuela inédita estrenada en el Teatro del Bosque de Bogotá en 1917 por la Compañía Palou-Planells; La sombra (1920), comedia estrenada en Caracas por la compañía de Manolo Puértolas; El amor de los escombros (1921), drama estrenado por Julio Taboada y María Teresa Montoya en el Teatro Ideal de México en 1920, reestrenada en el Teatro Municipal de Bogotá en 1921 por la compañía Gobelay-Fábregas, y traducida al inglés por Max Emmanuel Kahn con el título Out of Ruins; también en 1921, Las raposas, Los celos del fantasma, El loco de moda, editada en 1962, y El beso del muerto, obras estrenadas por el actor argentino Enrique Rosas durante la estadía de Osorio en ese país en 1921; Sed de justicia (1921, inédita), comedia estrenada en Bogotá por la compañía Gobelay-Fábregas; y La culpable, comedia estrenada por la Compañía Dramática Nacional que él mismo organizó en 1924. Durante su permanencia en Francia, Osorio escribió dos obras con influencia de la "escuela del silencio", fundada por Denis Amiel y Jean-Jacques Bernard; estas fueron Les créateurs, presentada en el Teatro Michel de París en 1926 bajo la dirección de Fernand Bastide (la edición española apareció con el título Los creadores); y Madette, traducida al español con el título Tragedia íntima: drama en cuatro actos, estrenable dentro de cincuenta años en el teatro nacional de Tartuja, estrenada en Bogotá en 1944. También en París, Osorio escribió E1 iluminado. Posteriormente Luis Enrique Osorio abandonó el teatro por un tiempo, hasta que en 1943 fundó la Compañía Bogotana de Comedias, con la que estrenó ese año las siguientes obras: El doctor Manzanillo (editada en 1965), Nudo ciego y Knock o el triunfo de la medicina, comedias inéditas; en 1944 estrenó las comedias Adentro los de corrosca (1964), Entre cómicos te has de ver (1962) y Manzanillo en el poder (1964); en 1945: Bombas a domicilio y E1 hombre que hacía soñar, inéditas; en 1946: Préstame tu marido (1963), Paro femenino (1964) y Rancho ardiendo (1964); en 1947: Los espíritus andan sueltos (1963) y El Rajá de Pasturacha (1964); en 1948: Toque de queda (1963), Nube de abril (1963) y La imperfecta casada (1963); en 1949: ¡Ahí sos, camisón rosao! (1963); en 1950: El zar de precios (1963) y Al son que me toquen bailo (inédita); en 1951: El cantar de la tierra (1963), Lo que el diablo se llevó (inédita); y en 1952: La familia política (inédita). En el Teatro de la Comedia presentó, en 1953, Sí mi teniente (1963); en 1954, Que tu esposa no lo sepa (1963); en 1955, La ruta inmortal: De Belén a1 calvario, pieza religiosa (1964); en 1960, Pájaros grises (inédita); y en 1962, Aspasia, cortesana de Mileto (1963), estrenada en el Teatro de Colón de Bogotá por la Compañía Santafereña de Teatro. Los temas preferidos por Osorio fueron de costumbres y sátira nacional, crítica social, históricos y psicológicos, con el amor como trasfondo de varias obras. Poseía un estilo sencillo, ingenioso y humorístico. La mayoría de los personajes y nombres encierran un simbolismo obvio y gracioso. El público pudo identificarse fácilmente con los personajes, y varios de ellos se convirtieron en prototipos o se integraron al vocabulario del común de la gente como calificativo de personajes nacionales, actividades y situaciones. Osorio organizó en 1924 la Compañía Dramática Nacional; en 1943, la Compañía Bogotana de Comedias; en 1960, La Escala. Con Rómulo Betancourt, construyó en 1952 el teatro La Comedia. Entre 1957 y 1958, en la Universidad de Stanford (California), dirigió el grupo bilingüe Anglo-Spanish Players.
La Compañía Bogotana de Comedias ha sido de las pocas agrupaciones teatrales en el país que se han convertido en empresas rentables económicamente. No sólo el público bogotano, sino el de todo el país, pues la compañía emprendía largas giras artísticas cada año, acudió durante más de una década a aplaudirla. Osorio no sólo escribía, sino que ideaba fórmulas para ganar y conservar su público. Por ejemplo, desempolvó el "final de fiesta" usado en el teatro europeo del siglo XVIII y le dio sabor criollo: después de las funciones dramáticas se oían los aires y se veían los bailes de todas las regiones del país, incluyendo los populares tangos y rancheras. Facilitó el transporte a los barrios populares desde el Teatro Municipal, en el centro de la ciudad, e infinidad de otros "ganchos" más. Seguramente debido al gran éxito que tuvo con la Compañía Bogotana de Comedias, algunas obras no alcanzaron, desde el punto de vista literario, gran elaboración. Sobre Osorio recayó la presión de un público popular que le pedía continuamente nuevos montajes. Esta situación era ideal para él, pues concordaba con sus principios sobre el quehacer teatral; a propósito, en 1926 dijo: «Nadie ignora que el teatro es el arte que más se subordina a las conveniencias económicas. El poeta, el novelista, el articulista, desarrollan una labor más o menos personal y pueden, desde el principio de su carrera, imponer un gusto y hacerse acreedores, sin grave perjuicio, a la incomprensión de sus semejantes. En cambio, el autor teatral necesita ceñir su personalidad a un sinnúmero de accidentes; no puede surgir sino mediante un esfuerzo colectivo, donde entran en juego diversos intereses: los cálculos de un empresario, y ante todo el que se ha dado en llamar "el gusto del público", a quien todo lo demás se subordina». Osorio poseía características y habilidades para las artes escénicas que lo hicieron un hombre integral de teatro: dominio de la técnica dramática, conocedor de la escena y sus secretos, director, actor, músico, estudioso en continua experimentación, impulsor del teatro nacional y hábil empresario [Ver tomo 5, Cultura, pp. 279-282].
MARINA LAMUS OBREGÓN
Bibliografía
ARIAS, GLORIA CARMENZA, MARLENY GARCÍA y MARINA LAMUS OBREGÓN. Medio siglo de teatro en Colombia: 1900-1950. Tesis de grado. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1990. BARRERA, ERNESTO M. Realidad y fantasía en el drama social de Luis Enrique Osorio. Barcelona, Ediciones Plaza Mayor, 1973. GONZÁLEZ CAJIAO, FERNANDO. Historia del teatro en Colombia. Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1986. REYES, CARLOS JOSÉ y MAYDA WATSON. materiales para 1a historia del teatro en Colombia. Bogotá, Instituto Colombiano de Cultura, 1978.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.
46. Juan Lozano y Lozano (poem 1922)
LOZANO Y LOZANO, JUAN (Ibagué, 1902; Bogotá, 1979). Capitán en el conflicto fronterizo
colombo-peruano, doctor en lenguas en Cambridge y en derecho en Roma, ministro,
legislador, diplomático, se destacó como uno de las más brillantes periodistas,
director de La Razón y de Semana, crítico agudo y biógrafo caluroso de sus más
importantes contemporáneos. Su poesía, escrita íntegramente en su juventud, fue
publicada en los libros titulados Horario primaveral (Lima, 1923) y
Joyería (Roma, 1927) y está compuesta por bellos y fluidos sonetos, entre
los cuales destacan todas las antologías La catedral de Colonia, como si
fuera el único... Fue el más feroz contrincante de los piedracielistas cuando
irrumpieron en el medio literario bogotano. Fundó y editó las bibliotecas Los
Clásicos, Los Penúltimos y Los Últimos e hizo parte de Los Nuevos. Otros libros
suyos: Ensayos críticos (1934), Mis contemporáneos (1944 y 1978) y
sus antologías Obras selectas (1956) y Última página (1980), así
como una selección de su famosa columna El Jardín de Cándido, que publicó
en El Tiempo.
Fue mordaz hasta con su propia obra, así dijo: ~<Mis versos son más artísticos
que poéticos; son la expresión de una persona culta, que se precia de conocer el
oficio literario, que gusta de la estética de la vida y que se ejercita
ocasionalmente en la poesía...».
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores
47. Rafael Vásquez (poem 1935)
VÁSQUEZ, RAFAEL
(Bogotá, 1899-1963). «Artífice del verso y sincelador de sonetos» lo calificó
Ortega Torres y «doctor en melodías internas y externas» lo graduó Gabriela
Mistral. En su tiempo, este cantor de la patria y de sus grandes hombres, fue
considerado como «el poeta más alto de su generación (Los Nuevos )» pero hoy se
piensa que es un frío tecnicista formal aunque en su último libro dejó diáfanos
poemas antológicos.
Sus obras: Ánforas (1927); Lauros (1932); La torre del homenaje
(1937) y Ya pasó el sol (1952). También se hizo un volumen con
Prosa y verso y Notas de viaje (París, 1928).
Dice Eduardo Carranza: «Sobre la poesía de Rafael Vásquez ha caído, injustamente,
el olvido. Vásquez debe ocupar un justiciero sitio de honor al lado de sus
grandes contemporáneos: Rafael Maya, León de Greiff, Germán Pardo García...».
Quién es Quién en la Poesía Colombiana, Rogelio Echavarría, Ministerio de Cultura / El Áncora Editores